Educación sexual para adolescentes, y el resto de personas

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Quería encontrar material de educación sexual para adolescentes y me puse a buscar en Google. Tal y como esperaba, había mucha información acerca de la prevención del embarazo y enfermedades y artículos acerca de la necesidad de impartirla, pero mucho menos de educación sexual en sí.

Como educador sexual, soy consciente que en nuestra sociedad no existe ni ha existido una educación sexual seria y profesional, porque tropezamos inmediatamente con la moral y doble moral de cada persona, colectivo, país y religión. Y es que, en la sexualidad se manifiesta todo lo que somos, de forma clara, nítida y ampliada: consciente e inconsciente, comodidad e incomodidad, amor y miedo, vergüenza y orgullo, etcétera. Por estos motivos, la educación sexual es un tema difícil, sobretodo entendiendo que los precedentes educativos provienen de ideologías concretas (Islam, Cristianismo, etc.) o de culturas muy lejanas (Tao, Tantra, tribus diversas…). Está la pornografía, que no queremos considerar como educación sexual, aunque seguramente muchas personas reconoceríamos que nos ha influido en nuestra forma de vivirla. Está en estos momentos hablándose de una pornografía apta para la formación y, de éste modo, hacer que la educación sea erótica y apetecible, y por tanto efectiva, pero siempre será un modelo o ejemplo a imitar o seguir, y la sexualidad es tan personal e ilimitada que deberíamos ser muy cautos a la hora de dar ejemplos.

Buscaba esta información acerca de formación para adolescentes porque considero que es el colectivo que más lo necesita o, por lo menos, el que más rendimiento obtendrá si lo aplicamos, considerando la esperanza de vida, pero sobretodo porque es en la adolescencia cuando empezamos a sentir la poderosa energía sexual, que mueve montañas, hace subir ríos a los salmones, y volverse locos a los humanos. Es en esa edad cuando iniciamos hábitos sexuales, que conformarán nuestra sexualidad por el resto de la vida. Y de eso se trata, de crear y cambiar hábitos, y gestionarlos acorde con nuestra voluntad y principios, y así utilizar esta potente energía para obtener todo tipo de placer: físico, emocional y mental, a corto plazo (viviendo el presente) y a largo plazo (a eso le llamamos felicidad), en lugar de dolor, bloqueos, miedos y enfermedades. Y cultivar una actitud que sepa aceptar y sea abierta a aprender y transformarse.

La educación sexual iría muy bien también a las personas más mayores, la tercera edad, ya que han vivido la mayor represión, o las de mediana edad, que de hecho son las que más acuden a mis sesiones, o las personas con alguna diversidad funcional, a quien hasta hace poco incluso se les negaba el derecho a vivirla. O cualquier otro colectivo, como el de GLBT, por no hablar de otras culturas aún más reprimidas. Todos tenemos derecho a ser educados para ser sexuales, que equivale a decir a “ser felices” si consideramos la sexualidad como la capacidad que tenemos de experimentar placer; o a “estar sanos”, si consideramos la sexualidad como una forma muy efectiva de abordar la salud; o a “aprender y transformarnos”, si consideramos la sexualidad como un efectivo modo de sabiduría y transformación personal.

De hecho la educación sexual que necesitamos poco debería cambiar de un colectivo a otro ya que se trata de actitudes en nuestra forma de ser, que podemos compartir independientemente de nuestra edad, género, identidad y orientación sexual, creencias y diversidad funcional. Entonces la pregunta es clara:

¿Que educación sexual habría que impartir?

Debería ser aquella que promueve:

  • Nuestra capacidad ilimitada de experimentar y gestionar el placer físico, emocional y mental.

  • La aceptación de lo que somos y la apertura a transformarnos.

  • El aprendizaje y transformación a través de voluntad y práctica.

  • La libertad individual y la no dependencia de otras personas.

  • El respeto de la libertad de las demás personas por delante de la nuestra.

¿Como seria esta educación?

  • Explicaría adecuadamente a los adolescentes (y los otros colectivos) acerca de éstos puntos.

  • Crearía dinámicas de grupo, donde los participantes podrían experimentar lo explicado.

  • Promovería el auto-placer y la masturbación inteligente, para explorar y practicar el placer y el erotismo como experiencia individual, sin culpa ni vergüenza.

  • Establecería conversaciones abiertas, creando un espacio que diera permiso y seguridad a los participantes para intercambiar información.

  • Propondría prácticas concretas en las relaciones sexuales íntimas para favorecer la creación de hábitos acordes con los principios de cada persona.

  • Impartiría sesiones prácticas de masaje y exploración corporal, mediante un profesor que guiara a los alumnos en la aplicación y la recepción, en la técnica misma y en la actitud al aplicarla y al recibirla.

Habría que ser cautos a la hora de tratar con un colectivo adolescente y menor de edad, respetando siempre los límites legales y morales establecidos en la sociedad.

Por supuesto, no pretendo aquí hacer una propuesta final y concreta, sino tan solo un apunte, un enfoque que debería ser desarrollado en profundidad por un equipo de especialistas.

¿Quienes serian los formadores?

Se plantea un problema cuando hablamos de impartir una educación sexual que no ha existido antes.

Obviamente, deberían ser personas afines con los puntos descritos, que estuvieran participando activamente en programas de formación sexual, conscientes de ser pioneros en esta materia, y por lo tanto, abiertas a investigar y aprender.

Es de destacar la labor realizada por el Dr. Joseph Kramer a lo largo de toda su vida. Él ha creado una escuela privada de educación sexual, que desarrolla de diversas formas:

Sexological Bodywork

Un concepto de tratamiento de la sexualidad basada en el coaching y el trabajo corporal.

New School of Erotic Touch

Orgasmic Yoga Institute

Portales de educación sexual

Investigador nato, es autor de diversos ensayos y vídeos y participa activamente en formaciones que se imparten en muchos países del mundo, a través de escuelas-franquicia. En el estado de California, donde él reside, la profesión de Sexological Bodyworker y educador sexual es legal y reconocida, como en otros países del mundo.

Yo hice mis dos formaciones de Sexological Bodywork, en Suiza y España, y doy fe de su sabiduría y saber hacer delegando en profesores muy capacitados.

La tradición tántrica de utilizar la sexualidad como un arte para obtener placer, salud y sabiduría, no es algo remoto, lejano y difícil, sino un método simple, eficaz, y muy adecuado para la sociedad actual, que precisa más educación enfocada a la felicidad (ser) que a obtener resultados (tener). Recuperar ésta milenaria tradición, y aplicarla utilizando toda la información y medios actuales podría ser la esencia de la educación sexual que hace falta y, más allá de la sexualidad, de la educación de la sociedad en general.

Espero, humildemente, aportar a la educación sexual tanto como me sea posible. Se trata del placer y la felicidad de las personas.

Jordi Oller

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